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sábado, 18 de abril de 2009

Otra perspectiva de la crisis‏

Ayer, el amigo Iago Otero, Canarión y futuro Periodista, me manda este relato corto:

"Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora mayor que tiene dos hijos, uno de 19 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: 'No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo'. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: 'Te apuesto un peso a que no la haces'. Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla, y él contesta: 'Es Cierto, pero me he quedado preocupado de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo'. Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, feliz con su peso y le dice : 'Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto. ¿Y porqué es un tonto?, Porque no pudo hacer una carambola sencillísima, según él preocupado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.' Y su madre le dice: 'No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.' Una pariente que estaba oyendo esto y va a comprar carne y le dice al carnicero: 'Déme un kilo de carne', y en el momento que la está cortando, le dice: 'Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado'. El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: 'mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas'. Entonces la vieja responde: 'Tengo varios hijos, mejor déme cuatro kilos...' Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde. Alguien dice: '¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo? ¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!' Sin embargo, dice uno, 'a esta hora nunca ha hecho tanto calor. Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor. Sí, pero no tanto calor como hoy.' Al pueblo todos alerta, y a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: 'Hay un pajarito en la plaza'. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito. 'Pero señores', dice uno, 'siempre ha habido pajaritos que bajan aquí. Sí, pero nunca a esta hora.' Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. 'Yo sí soy muy macho', grita uno. 'Yo me voy.' Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen: 'Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos'. Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: 'Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa', y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado: '¿Viste mijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?'

Gabriel García Márquez"

Y digo yo, y aparte de una mala gestión por parte de banqueros y Gobiernos, ¿qué porcentaje de paja mental (con perdón) habrá en esto de lo de la crisis?

viernes, 21 de noviembre de 2008

La amenaza rusa

Asistimos estos días a una ceremonia de la confusión en relación al caso Repsol y su posible compra por parte del sector energético ruso. Y no es un asunto baladí que nos deba dejar indiferentes.
La posible compra de una participación entre el 20 y el 30% de Repsol por parte de Lukoil sería una muy mala noticia para el sector energético español, donde la presencia de Repsol es de monopolio virtual, por mucho que se empeñen las autoridades económicas en decirnos que estamos ante un mercado de libre competencia. Raro es el municipio, o rara la carretera en la que no nos encontremos con una gasolinera de esta marca, y el hecho de que dejase de ser una marca española podría tener consecuencias muy negativas para nuestros bolsillos. Vamos a explicar por qué.
Repsol nace como una división de lubricantes para motores de la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, S.A., (CAMPSA), fundada por José Calvo Sotelo, a la sazón Ministro de Hacienda, durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). En la década de 1980 se produce la segregación y potenciación de Repsol en vistas a una privatización parcial mediante la salida a Bolsa de parte de su capital.
Durante el primer Gobierno Aznar (1996-1999), y ante la acuciante necesidad de fondos para cumplir los criterios de entrada al Euro, mediante la reducción del galopante déficit público existente, se procede a la privatización de una serie de empresas públicas (Argentaria, (hoy integrada en el BBVA), Endesa, etc.), y cómo no, Repsol. La eficacia de estas medidas por parte del Gobierno fue claramente visible, hasta el punto de que España llega al Euro en mejores condiciones incluso que grandes expresos europeos como Alemania e Italia.
Sin embargo, esta política, como todo en la vida, debió ser objeto de una moderación que no existió, y esa moderación debería haber pasado por no poner a la venta la totalidad o la mayoría del capital social de empresas en sectores estratégicos: tal es el caso de Endesa, y más aún el caso de Repsol. Ningún país puntero en Europa (Alemania, Francia, Italia, etc.) privatizó sectores estratégicos de su economía ante una posible amenaza exterior en el orden económico. Y ahora aquellos polvos trajeron estos lodos: ante una situación de pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, el principal accionista de Repsol, la constructora Sacyr en primer lugar y en segundo lugar, algunas entidades financieras como la Caixa, necesitan hacer caja desesperadamente ante el batacazo que se avecina, si es que no estamos ya en él.
El peligro de una desnacionalización de una empresa tan vital para nuestra economía surge ahora del Este, de una Rusia que tras la implosión de la Unión Soviética en 1.991, y amparada por sus inmensos recursos naturales, se lanza, como todo nuevo converso que se precie, a un capitalismo salvaje y “a la Rusa”, avasallando a quien no piense como él o se interponga en su camino. Un ejemplo reciente es el del conflicto de Osetia del Sur o los incidentes con el suministro de gas a Ucrania.
Mal asunto y mal pinta, y más con un Gobierno con un presidente a la cabeza que se limita a sonreír, y que como pitoniso no tiene precio (“ésta será la legislatura década del pleno empleo”, etc., etc., etc.). Es más, lo peligroso del caso, y viendo el tema desde una óptica nacional, es que la posición de monopolio imperfecto de Repsol puede llevar a una escalada de precios que repercutan de forma incluso brutal en el consumidor, y más teniendo en cuenta de quien hablamos. Y lo que es peor, Repsol es la entrada por la puerta de atrás a Gas Natural y Unión Fenosa, empresas en las que es un accionista muy significativo.
Urge, pues, una toma de postura más enérgica por parte del Gobierno, dejar de sonreír, y buscar a los llamados por el Sr. Zapatero “campeones nacionales” para reforzar la posición española en Repsol, pues por el momento, nuestra dependencia de petróleo es de las más altas de los países más desarrollados, con los que nos dejaría a merced de un capitalismo neoconverso y desaprensivo como es el capitalismo ruso.
Veremos lo que pasa: como decía un viejo de mi pueblo, “háse saber”.